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Tlalpan, entre la historia y mi corazón: La guía definitiva de Pedro Haces Lago para redescubrir al Gigante del sur


Tlalpan, entre la historia y mi corazón: Una travesía por el Tlalpan indómito de Pedro Haces Lago
Tlalpan, entre la historia y mi corazón: Una travesía por el Tlalpan indómito de Pedro Haces Lago

Ciudad de México, 17 de abril de 2026.- Hay lugares que se recorren con los pies y otros que se habitan con el alma. Para Pedro Haces Lago, Tlalpan no es una demarcación territorial en el mapa de la Ciudad de México; es un legado de cuatro generaciones que late entre el basalto de Cuicuilco y las cumbres gélidas del Ajusco.


Durante la presentación de su primer libro, titulado simplemente "Tlalpan", el abogado penalista y diputado local no se limitó a entregar cifras o propuestas políticas; entregó una declaración de amor a la tierra que lo vio nacer.


Su narrativa no busca el protagonismo vacío. Se define como un hombre de territorio, alguien que prefiere el polvo de los caminos de San Miguel Topilejo al brillo de los reflectores.


Al ser cuestionado sobre sus aspiraciones a la alcaldía, su respuesta fue mesurada: "Ni me destapo ni me bajo". Su prioridad hoy es otra: despertar al "Gigante del Sur".


El murmullo de la piedra: Huipulco y el origen

La travesía que propone Haces Lago comienza donde el tiempo parece haberse detenido. Huipulco, ese nudo vital de comunicación en el sur, es para el autor mucho más que una estación de tránsito. Es el primer asentamiento humano de Mesoamérica.

"Cuando llega la primavera, la gente va a recargar ahí hasta energía", narra con una fascinación casi mística.

Este punto será neurálgico en los próximos meses. Con el Mundial 2026 a la vuelta de la esquina, Huipulco se transformará en el epicentro de la fiesta futbolística con la instalación de un fanzone.


Pero para Haces Lago, el éxito no se mide solo en goles, sino en la derrama económica que llegue al comerciante que lleva décadas ahí. Su visión es clara: no se trata de remover a la señora que vende comida desde hace veinte años, sino de dignificar su espacio, de "fachear" el entorno para que el visitante internacional vea el México real, el México orgulloso.


El romance con San Agustín de las Cuevas

Si Huipulco es la raíz, el Centro Histórico de Tlalpan —antiguamente conocido como San Agustín de las Cuevas— es el corazón romántico de la crónica.


Haces Lago se detiene en este punto con una nostalgia personal. Describe los patios verdes que parecen filtrar el ruido de la metrópoli y las iglesias donde se ha tejido la historia de su propia familia.

"Ahí se casaron mis abuelos, ahí se casaron mis padres", confiesa.

Y deja entrever que el sentido de pertenencia es lo que dota a su libro de una seriedad que va más allá de la simple recopilación de datos.


Para el visitante, el Centro de Tlalpan es una parada obligatoria para entender la arquitectura colonial y el ritmo pausado de un pueblo que se niega a ser devorado por la mancha urbana.


Murales, mercados y el sabor del sur

La narrativa del libro salta del papel a la mesa. El autor recomienda con entusiasmo el Mercado de Tlalpan, ubicado justo detrás del Palacio Municipal.


Aquí, el turismo gastronómico cobra sentido. Entre los puestos que ofrecen desde flores hasta especias, el plato estrella es el chamberete. Degustarlo, según el autor, es una experiencia casi ritual que debe acompañarse con la hospitalidad de su gente.


Pero no todo es comida. Los murales que adornan los edificios públicos son, en palabras de Haces, "libros abiertos". Son obras emblemáticas que narran las luchas y los triunfos de una comunidad que ha aprendido a resistir y a florecer en la periferia del poder central.

La cumbre del Ajusco y el espíritu de los 11 pueblos

El libro alcanza su punto más alto, literal y figuradamente, al hablar de la zona serrana. Tlalpan es agua y es bosque. El Ajusco, compuesto por comunidades como Santo Tomás y San Miguel, ofrece un paisaje de cascadas, riachuelos y ejidos que parecen sacados de otra latitud. Es el pulmón que permite respirar a la capital.


Sin embargo, el mayor tesoro según Haces Lago son sus 11 pueblos originarios. El autor lamenta que, mientras municipios pequeños en otros estados tienen ferias patronales que atraen a miles, en Tlalpan la festividad de San Agustín de las Cuevas a veces se reduce a unos pocos puestos bajo la lluvia.

"El turismo es igual a derrama económica", enfatiza.

Su libro propone profesionalizar estas fiestas, donde el jaripeo, la charrería, la gastronomía y la fe se unen en un espectáculo de folklore que no le pide nada a las grandes ferias nacionales.


Es un llamado a que el habitante de la ciudad no solo vaya al Ajusco por el frío, sino que suba a Parres o a Topilejo a vivir la emoción del baile y el sentido de comunidad.


Tlalpan ante el mundo

Al cerrar su presentación, Pedro Haces Lago responde una pregunta: ¿Está Tlalpan lista para su tercer mundial? Su respuesta es optimista pero exigente.


Reconoce el trabajo de las autoridades en la restauración de canchas y deportivos, pero insiste en que el mundial debe ser "para la gente".


Tlalpan no es solo una sede deportiva; es un emblema histórico que busca recuperar su brillo. Con su libro, Haces Lago no solo presenta una obra literaria, sino un mapa de ruta para que el Gigante del Sur finalmente abra los ojos y reciba al mundo con la dignidad y la belleza que le otorgan siglos de historia.

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